ABANICO/ La senda de los complejos
Por Ivette Estrada En los equipos de trabajo, el sentido de minusvalía, sintetizado muchas veces como “malinchismo”, no entra de frente: se cuela como una herida pertinaz que erosiona objetivos y metas comunes. Primero aparece en la minimización: “ganó por pura suerte, no por merecer”. Después escala: “no hay que darle oportunidades de escalar o brillar”. En ambas frases opera una estructura emocional profunda. No es “traición a lo propio”, sino a la posibilidad de construir algo juntos. Es un sabotaje suave, casi siempre negado, que nace de heridas no resueltas. La clave es esta: el brillo ajeno activa una sensación de insuficiencia propia. Cuando esa herida no se reconoce, se convierte en comportamiento defensivo. Aparece la desconfianza en lo cercano. Lo próximo se percibe como amenaza porque es comparable. Lo lejano, en cambio, no hiere. Por eso atacamos a […]

