ABANICO/ Rutinas: el sendero de las sombras
Por Ivette Estrada Habituarse a personas, trabajo y placeres es renunciar silenciosamente a la vida. Es permitir que se apaguen los retos y el disfrute. La rutina implica comodidad, pero también sumergirnos en lo predecible y anodino. Es renunciar a crecer, crear y sorprendernos. Demasiada comodidad en los trabajos y relaciones puede simbolizar “apagarse” de una manera imperceptible pero no menos inexorable. Es un fin inminente y, paradójicamente, se tiende a habituarse a cosas buenas, pero también malas. Si sólo representara un cese de brillo se abrazarían las rutinas. Pero el habituarse es “anestesiar” todo y se lesionarán relaciones personales, carreras, salud mental y cómo funciona la sociedad. En el afán de buscar comodidad y facilitar quehaceres consuetudinarios, tendemos a una automatización inconsciente. Puede observarse con los saludos indiferenciados, asumir el cumplimiento de reacciones y respuestas a priori, catalogar a […]

