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El Colaborador
Mi personaje favorito es Mario. Apasionado del cine, videojuegos y la música.
EntretenimientoEspectáculosEspectáculos y cultura 1 El Colaborador 07/11/2026

Aurora Vargas
Desde de las seis de la tarde a los alrededores del Palacio de los Deportes comenzaron a llenarse de seguidores de Morat. Con playeras y sudaderas de la banda, acompañados de amigos y familiares o hijos, los fans fueron llegando al llamado Domo de Cobre para compartir la emoción de un reencuentro que llevaban tiempo esperando. Entre fotografías, conversaciones y canciones que seguramente ya comenzaban a sonar en su cabeza, el público fue tomando su lugar para una noche en la que la agrupación colombiana volvería a encontrarse con México.
Dos años después de reunir a más de 160 mil personas en tres presentaciones en el Estadio GNP Seguros, Juan Pablo Isaza, Juan Pablo Villamil, Simón y Martín Vargas apostaron por un espectáculo más íntimo que permitió mirar de cerca a quienes han acompañado su trayectoria durante una década.
Las luces se apagaron a las 20:30 horas y todos los que se encontraban la noche de ayer se pararon de su lugar. Sin grandes preámbulo, los cuatro músicos ocuparon el escenario entre instrumentos y luces que poco a poco fueron construyendo la atmósfera de la noche. Las pantallas, que proyectaban sus rostros y movimientos, ayudaron a acortar la distancia con quienes estaban en las gradas.
Morat conserva algo de aquellos jóvenes que comenzaron su camino con «Mi nuevo vicio», canción que contó con la colaboración de Paulina Rubio. Aunque ahora tienen cinco álbumes de estudio, éxitos internacionales y escenarios recorridos en los cinco continentes, su esencia parece mantenerse en esa relación cercana que existe entre los cuatro integrantes.
Y México tiene un capítulo especial en esa historia. Martín recordó los ocho meses que vivieron juntos en un departamento de la capital cuando llegaron desde Bogotá para perseguir sus sueños. La anécdota dio paso a uno de los momentos más emotivos del concierto: el baterista abrazó a sus compañeros y les dijo: «No me arrepiento de nada de lo que he vivido con ustedes tres; los quiero».
Fue una pausa necesaria entre tanta música, una muestra de que detrás de los éxitos también hay una historia de amistad que ha sobrevivido al paso del tiempo.
La complicidad con el público se hizo todavía más evidente antes de «Antes de los 30». En las pantallas aparecieron frases inspiradas en las costumbres y experiencias mexicanas, como «Salir encuerado cuando suena la alerta sísmica», «Cantar Cielito Lindo en el estadio» y «Levantarnos después de huracanes y temblores». Cada referencia provocó gritos y carcajadas. Morat sabía dónde estaba y encontró la manera de demostrarlo.
Uno de los aciertos del espectáculo fue llevar la música hasta el centro del recinto. Una estructura de cristal descendió desde el techo y reveló a Martín con su batería, quien ofreció un solo frente a los asistentes. Simón se incorporó después con su bajo, convirtiendo aquel espacio suspendido en un escenario alternativo.
Más tarde, durante «Mi suerte», los dos Juan Pablos se sumaron a sus compañeros en una estructura de cristal que se elevó para acercarlos a otra parte del público.
La dinámica también permitió que los seguidores fueran parte del espectáculo. La banda preguntó quién era su mayor fan y eligió a Sara, originaria de Michoacán, para subir al escenario y grabar «MTV». El momento tuvo un significado especial cuando recordaron sus primeros videos, realizados por ellos mismos con ayuda de una persona detrás de la cámara.
La participación del público continuó mediante un código QR que permitió votar por la siguiente canción. La elegida fue «Punto y aparte», una forma de cederles a los asistentes una parte de las decisiones de la noche y ser complices de la banda
«Queremos que cuando miren hacia atrás y vean esta noche, valga la pena recordarla», expresó Juan Pablo Villamil antes de interpretar «Dos mil algo». La respuesta fue inmediata: miles de voces acompañaron una canción que, pese a formar parte de su material más reciente, ya encontró su lugar entre los favoritos.
El repertorio avanzó con «Desastre natural», «Lo poco que yo quiero» y «Debí suponerlo», antes de entrar en ese tramo donde las canciones se reconocen desde los primeros acordes. «Cómo te atreves», «Faltas tú», «Besos en guerra» y «Vuelo a ti» transformaron el Palacio de los Deportes en un coro colectivo, con celulares encendidos y seguidores que cantaban de principio a fin.
La despedida se acercaba todo mundo lo sabía,. Morat regresó para interpretar «A dónde vamos», «Me mata» y «506», canciones con las que cerró su primer encuentro de esta nueva temporada en la capital.
La primera de seis noches dejó una idea clara: Morat no necesita alejarse de sus raíces para mostrar cuánto ha crecido. Su mayor fortaleza sigue estando en las canciones, en la amistad que sostiene al grupo y en esa capacidad de convertir miles de voces en una sola y su cercania con el público mexicano
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Mi personaje favorito es Mario. Apasionado del cine, videojuegos y la música.




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