InternacionalInternacionales 1 El Colaborador 25/01/2026

Aunque Rusia y China niegan querer apoderarse de Groenlandia, como ha afirmado el presidente estadunidense Donald Trump, las dos potencias ven en el Ártico una región estratégica para sus intereses.
Trump afirma que, sin la intervención de Estados Unidos, Groenlandia tendría “buques de guerra y submarinos chinos por todas partes”, pero en realidad la presencia militar es menor que la comercial.
La explotación desde la década de 2010 por parte de China y Rusia de la Ruta Marítima del Norte (NSR) es una realidad, al igual que el refuerzo de las capacidades militares rusas en el Ártico.
Rusia considera que el Ártico es clave para sus intercambios con Asia, sobre todo para contrarrestar los efectos de las sanciones occidentales sobre sus hidrocarburos, impuestas tras la invasión en Ucrania en 2022.
China y Rusia acordaron en octubre desarrollar al máximo la navegación por la NSR, que ahora es más fácil debido al deshielo provocado por el cambio climático.
Meses después del inicio de la invasión en Ucrania, las autoridades rusas volvieron a manifestar su voluntad de desarrollar esta ruta al aprobar un plan de inversiones de unos 23 mil millones de dólares hasta 2035.
De momento, el comercio por esta vía sigue siendo caro y complejo. Y su volumen está lejos de los cientos de millones de toneladas de mercancías que transitan cada año por el Canal de Suez, por ejemplo.
En 2025 se transportaron 37 millones de toneladas de mercancías a través de la NSR, lo que supone un descenso de 2.3% en un año, según datos proporcionados por la agencia RIA Novosti basados en estadísticas oficiales.
China, por su parte, lanzó en 2018 su proyecto de Ruta de la Seda Polar, una variante ártica de su iniciativa transnacional de infraestructuras, y aspira a convertirse en una “gran potencia polar” de aquí a 2030.
La Ruta de la Seda Polar tiene como objetivo conectar a China con Europa. El paso podría transformar el transporte marítimo y reducir la dependencia de China del estrecho de Malaca.
Pero los barcos necesitan cierto equipamiento para viajar a través del hielo en una zona donde la niebla dificulta la navegación y el clima es extremo.
Los barcos chinos realizaron sólo 14 viajes por la NSR el año pasado. Transportaron principalmente gas ruso.
Existe otra ruta posible, el Paso del Noroeste, a través del archipiélago canadiense, que podría mitigar el riesgo de pasar por Medio Oriente.
Bases y ejercicios rusos y chinos
El Ártico también es una prioridad estratégica para Rusia en el ámbito militar.
En 2021, Moscú anunció haber construido una pista de 3.5 km capaz de acoger todo tipo de aviones, incluidos bombarderos, en el archipiélago de Francisco José, en el extremo norte de Rusia.
En 2019, también afirmó haber desplegado baterías antiaéreas de última generación S-400 en el Ártico y haber abierto una nueva base de radar en el archipiélago de Nueva Zembla.
En septiembre de 2025, la Flota del Norte de Rusia, encargada del Ártico, llevó a cabo nuevos ejercicios militares que incluyeron desembarcos de tropas, así como disparos de buques y submarinos nucleares.
En el Ártico, la presencia militar china, aunque modesta, aumentó en colaboración con Rusia desde la invasión en Ucrania.
En 2024, bombarderos rusos y chinos llevaron a cabo una patrulla conjunta en la unión entre los continentes asiático y americano, no lejos de Alaska.
China también opera algunos rompehielos equipados con minisubmarinos de alta mar, capaces de cartografiar los fondos marinos –algo potencialmente útil para un despliegue militar–y satélites de observación del Ártico. Pekín asegura que sus objetivos son científicos.
Ha establecido estaciones de investigación científica en Islandia y Noruega. Sus empresas han invertido en proyectos como el gas natural licuado ruso y una línea ferroviaria sueca.
Estas actividades son “preocupaciones potenciales de seguridad si el ejército de China o los activos vinculados al ejército establecen una presencia regular en la región”, señala Helena Legarda, del Instituto Mercator de Estudios Chinos en Berlín.
La competencia con China por los recursos y el acceso a las rutas comerciales en el Ártico podría amenazar los intereses europeos.
Pero desde hace un tiempo algunos países oponen resistencia. Las propuestas para comprar una estación naval abandonada en Groenlandia y un aeropuerto en Finlandia han fracasado.
El gobierno groenlandés frenó un proyecto vinculado a China en un enorme yacimiento de tierras raras en Kvanefjeld en 2021 debido a preocupaciones ambientales, y otro yacimiento en el sur de Groenlandia fue vendido a una empresa con sede en Nueva York en 2024.
Algunas voces apuntan a la presión de Estados Unidos para que los países rechacen a las empresas chinas.
Sobre el autor
Mi personaje favorito es Mario. Apasionado del cine, videojuegos y la música.


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