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El Colaborador
Mi personaje favorito es Mario. Apasionado del cine, videojuegos y la música.
EntretenimientoEspectáculosEspectáculos y cultura El Colaborador 20/10/2026

Aurora Vargas
Fotos: OCESA
La banda británica reunió a 16 mil seguidores en la Ciudad de México con un recorrido por su historia musical, una sorpresa de Depeche Mode y un cierre que convirtió el recinto en un coro multitudinario.
Después de meses de espera, por fin llegó el día para los seguidores de Def Leppard. Amigos, parejas y familias enteras comenzaron a reunirse en las inmediaciones del Palacio de los Deportes, muchos con playeras, chamarras y sudaderas de la banda. Entre fotografías, pláticas y emoción, los seguidores aguardaron la entrada para disfrutar de una noche de hard rock que reunió a cerca de 16 mil personas.
A las 21:00 horas en punto el sonido de la batería de Rick Allen irrumpió en el Palacio de los Deportes. El golpe marcó el comienzo de una noche en la que Def Leppard, quien volvió a demostrar por qué sus canciones siguen convocando a distintas generaciones y nos volvió a los años ochenta en una máquina del tiempo.
Con Rejoice, uno de sus lanzamientos recientes de la agrupación, el quinteto de Sheffield abrió el concierto y puso en movimiento a una audiencia que no tardó en levantar los teléfonos, acompañar los primeros acordes y preparar la garganta para lo que vendría.
«Muchas gracias, buenas noches, amigos», saludó en español Joe Elliott, vocalista de la agrupación. La respuesta del público dejó claro que la conexión con México continúa intacta.
Si bien la banda llegó con material reciente, el peso de su historia pronto tomó el control del repertorio musical. Animal, segundo tema de la noche, elevó la intensidad y encontró una respuesta mucho más contundente entre los asistentes. El álbum Hysteria, publicado en 1987, volvió a ocupar el lugar central que conserva en la memoria de sus seguidores.
Después llegó el turno de Let’s Get Rocked, impulsada por el bajo de Rick Savage y las guitarras de Phil Collen y Vivian Campbell. El sonido llenó cada rincón del Palacio, mientras las voces del público se sumaban a las de Elliott para convertir el concierto en una celebración colectiva.

Def Leppard también se permitió mirar hacia hacia otros artistas que han marcado la historia musical. La banda sorprendió con una versión de Personal Jesus, de Depeche Mode, llevada hacia un terreno más oscuro, con matices que encajaron en la potencia de su propuesta.
Joe Elliott se mezcla con el público mexicano
El concierto avanzó entre pasajes instrumentales y una sucesión de canciones que mostraron la amplitud de la discografía del grupo. Rocket, White Lightning, Promises y Armageddon It mantuvieron el entusiasmo de una audiencia que parecía conocer cada cambio, cada riff y cada pausa.

Uno de los momentos más cercanos ocurrió durante Slang, cuando la banda extendió la interpretación del tema de 1996 para que Elliott abandonara momentáneamente el escenario y se acercara a los asistentes. El cantante recorrió buena parte de la pista, saludó a sus seguidores y chocó las manos de quienes tuvieron la oportunidad de tenerlo a unos centímetros; lo cual volvió locos a sus seguidores que no esperaban esta respuesta de su banda
A lo largo de la noche, el vocalista reconoció en varias ocasiones la entrega del público mexicano. Incluso comentó que suele recomendar a otras bandas que visiten México para experimentar por sí mismas la respuesta de sus seguidores.
No era difícil entender por qué. Desde las primeras canciones hasta los momentos de mayor intensidad, el público acompañó a la agrupación con coros que competían con el volumen de los instrumentos. Y cantaban cada letra de cada rola.
La recta final reunió algunos de los títulos más reconocibles de Def Leppard. Love Bites, Rock of Ages y Photograph fueron recibidos con entusiasmo, pero todavía quedaban canciones para prolongar una noche que se acercaba a su desenlace.
Para el final, Elliott apareció con su guitarra acústica e interpretó Two Steps Behind. El cambio de intensidad permitió una pausa en medio de la descarga eléctrica y dejó al cantante frente a la audiencia, sin más acompañamiento que su instrumento y las voces de quienes conocían la canción.
La calma duró poco. Hysteria devolvió al Palacio de los Deportes a la dimensión más emotiva del repertorio británico, antes de que Pour Some Sugar on Me desatara la última gran explosión de la noche y no si antes la banda se despidió de la Ciudad de México con un recinto entregado y miles de gargantas que se retumbaban el Palacio de los Deportes.




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Mi personaje favorito es Mario. Apasionado del cine, videojuegos y la música.




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